Historia de un huevo frito (historiopsodia)


¡Y ustedes, se quejan de que nadie les preguntó si querían nacer…!
¡y a mí!... ¿quién me preguntó?... Me quedé a medio camino de nacer.
Para luego, encima, freírme en aceite caliente… (decirlo con aversión) … para que me coman.
Y lo malo no es esto, sino que te frían y se olviden de ti. Te depositan en un plato blanco, vacío, frio como un yelmo de un herrero medieval en un país Escandinavo en época de nieves.
En el rincón de una nevera me encontraba yo, porque alguien…
(decirlo con desidia) molestó a mi comensal.
 Le ofreció algo, que yo le no puedo dar… (decirlo con tristeza) … amor.
Sin tener en cuenta mis sentimientos, mi dolor físico, intrínseco en la vida de un huevo. Yo me encontraba en la nevera, y pensaba…
¿cómo están disfrutando sin sentir culpabilidad de mi estado emocional, físico y metafísico?
Si al menos tuviera unas pequeñas piernas, me podría mover y lanzarme desde el tercer piso de la nevera, hasta el cajón de las verduras. Seguro, que apuntaba bien… y se me clavaba la punta de esa zanahoria, que sobresale del cajón mal cerrado. Y una vez clavada, la punta de la zanahoria, me traspasaría el alma… y allí… (decirlo con alegría) … perecería…
¿Un huevo tiene alma?
¡Ayyyyyyy…!
¡Qué triste la vida de un huevo frito!
(decirlo con ignorancia) ¡quien fuera pollo!
Demío

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