Querida, milagros debes hacer, milagros que me hagan volver a tu lado, en estas noches tan frías. Noches que no se hicieron de día, en donde, entre los campos de amapolas, llenos de minas,
Noto el dolor, color de mi quebranto, siento como hace de mí, un muñeco de trapo. Y veo todo de un color, dolor extraño, hinchado por la perturbación de mis luceros mustios, ajados.