Blanca alameda recorro, en el sigilo de versos declamados por el viento, mueve las ramas de retazos, en mi relato, a su paso, floreando su timbre de voz.
La lucha me dio alas... la indiferencia, mordisco a mordisco, me las comió. Ahora, me reconstituyo ese daño interior. Ausente de mí, el primero, de los demás después… y también, hundido, y en retroceso, en el pozo del estrés…