PRIMER MOVIMIENTO: Las flores fuera del asfalto
Para entender una obra tienes que implicarte en ella. Saben ese momento en el que te sientes como en El show de Truman , cuando Jim Carrey empieza a sospechar que le están observando. Seguro que se han sentido así alguna vez; yo unas cuantas. En algunas ocasiones es complicado salir de ese pensamiento intrusivo en el que ves, oyes, sientes y argumentas, desde el razonamiento más lógico, que estás siendo observado. Que eres parte de un guion que nadie te explicó al nacer. La diferencia es que a Truman le llovían focos del cielo artificial; a mí me llovieron llamadas telefónicas diez minutos después de firmar un contrato. Pero la sensación de paranoia inducida, de que el escenario entero está compinchado para ver cómo reaccionas, es exactamente la misma. Cuando cerré la puerta de mi casa en el pueblo, dejé atrás el pool de Leroy Merlin, las caras de los figurantes mirando fijamente sus pantallas y las directrices invisibles de un sistema que te contrata por la subvención y te escupe...