Blanca alameda recorro, en el sigilo de versos declamados por el viento, mueve las ramas de retazos, en mi relato, a su paso, floreando su timbre de voz.
Y la flor que me engendró, nunca tuvo espinas. Siempre se defendió, para no sentirse herida. Y la flor que me engendró, habitó en una tierra inhóspita, donde se regó y plantó, ante tanta diatriba.
En una habitación, iluminada por una tenue luz… Dos amantes, tres días encerrados, sin comer, ni beber… solo se alimentan de amor, pasión, atracción, fascinación, deseo y lujuria. A cada minuto, el ardor, el ímpetu, la emoción se adueñan más y más…
Sublime es levantarse cuando uno quiere... Sublime es pedir perdón cuando uno hiere... Sublime es saber lo que se prefiere. Las palabras se las lleva el viento,