Y la flor que me engendró, nunca tuvo espinas. Siempre se defendió, para no sentirse herida. Y la flor que me engendró, habitó en una tierra inhóspita, donde se regó y plantó, ante tanta diatriba.
Sublime es levantarse cuando uno quiere... Sublime es pedir perdón cuando uno hiere... Sublime es saber lo que se prefiere. Las palabras se las lleva el viento,