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Querida

Querida, milagros debes hacer, milagros que me hagan volver a tu lado, en estas noches tan frías. Noches que no se hicieron de día, en donde, entre los campos de amapolas, llenos de minas,

La flor que me engendró

Y la flor que me engendró, nunca tuvo espinas. Siempre se defendió, para no sentirse herida. Y la flor que me engendró, habitó en una tierra inhóspita, donde se regó y plantó, ante tanta diatriba.