¡Juan, al despacho!
Con el paso del tiempo se convirtieron en imágenes difuminadas con batas blancas, sin pies y caras distorsionadas que levitaban por los pasillos, los espacios y recovecos. Ascensores que van de la menos uno a la tercera planta pasando por el despacho brasileño al aula del informático tuerto. Una biblioteca con libros roídos y compartidos por la beneficencia de algun@s que cura su impaciencia. Caras que no se entienden pasan por mi mente, el recuerdo cada vez más vago y alejado los nombres no atraigo. Uno era Jesús, otra era Laura, de Sevilla, de Tenerife. Y el centro de día, lleno de cajas con azucarillos, café, y leche en polvo caducados, se reciclaban por manos poco articuladas e incluso rígidas, con besos y babas en la cara se quedaban marcadas en el alma. Se lucha, se combate y se escucha a las vacas sagradas que sangraban a los de sonrisa eterna, con una mano les despidieron y con la palabra llegaron los chismorreos. La silla voló y un testigo testifico con ahínco ...