Chaparr@s
Los colores y aromas se mezclan
a mi paso entre la manta
dibujada
por las hierbas y flores del
campo.
Recuerdos del pasado, hinojo
para el dolor
de estómago mi abuelo me daba.
Saltamontes de colores, gordos y
flacos,
visitantes en verano y viajeros
en otoño,
hormigas voladoras predestinaban
las lluvias y tormentas de un
verano
infinito que alimentaba mi
niñez.
Con el paso del tiempo y relojes
rotos de cadena que no decían
nada,
chaleco, corbata, americana y
gabardina,
para un verano con demencia,
sin reparo al qué dirán en el
barrio,
quiosquero/a, panaderos/as,
vecinos/as y transeúntes
miran de frente y de lado.
Mientras los saltamontes pasean
por el campo,
los niños/as de nuestro lado
juegan al escondite,
mientras un bocadillo sin
terminar, cae al suelo
embarrado por las lluvias que un
día predestinaron
las hormigas…
Hacer albóndigas con barro,
canicas, chapas,
eran nuestros/as
entretenimientos en un pequeño campo
que, por las noches de fin de
semana,
se llenaba de cine.
Una sábana, dos palos y un
carromato con películas de estreno
y la voluntad de ante mano.
Montones de leña de la gente del
barrio se apilan
dejando espacio para los
tenderos de alambre,
para la ropa de varias
generaciones expuestas
al mundo sin pudor alguno.
Cuerdas que hacen de cinturón,
alrededor de la cintura de un
abuelo gruñón.
El negro el color más utilizado
por respeto,
por los que se fueron y nunca
más volvieron
Solamente con el recuerdo de
aquellos/as que vestían de negro
se recordaba tiempos pasados de
miedo, tristeza,
hambruna y risas escondidas,
detrás de historias, cuentos y
leyendas no escritas,
pero si trasmitidas con el paso
del tiempo.
Paseos parkinsonianos calle
arriba y abajo,
para ver al nieto crecer,
esta necesidad más poderosa
que el miedo a la guerra otra
vez.
Queso cortado desde el sobaco,
con navaja y ofrecido de ante mano,
por un manco con bastón, visera
y zapatillas de andar por casa,
tabaco de liar, honestidad,
y siempre una broma.
Una sonrisa, el regalo que todos
los días regalaba,
sin importarle, si era adecuado en
espacio, tiempo y circunstancias.
Belcebú se acercaba con
fiambrera en mano:
¡déjame pasar, comida te traigo!
decía con voz añeja y enfado.
El manco se escondía, se
encerraba
y recordaba sus años de
represaliado, furtivo y pocero,
que con un solo brazo excavaba
en su propia tierra,
la que le vio crecer y morir sin
derecho a decir:
“Yo soy Juan y perdí un brazo y
un ojo por la libertad... de tod@s “.
Contemplando el campo, vive y
pasa las estaciones,
del año las/os Chaparr@s...
@mihorqueta1830
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