Abrazos ausentes.
En el espejo, un océano roto, reflejos torcidos de un alma baldía, gritos ahogados en madrugadas frías, el yo y su sombra, danzando su duelo.
Fui niño de abismos, de abrazos ausentes, sediento de un sol
que nunca ardió, mis raíces, polvo en la tempestad, mis ramas, brazos
extendidos al vacío.
Oh, amor que escapaste en la hora temprana, te busqué entre
ruinas y labios de niebla, un mendigo en los salones del desdén, con el corazón
colmado de esquirlas.
Pero aún me lanzo, aún grito al cielo, una llama salvaje que
no se apaga, pues en las cenizas, en este dolor, late un ansia de luz, un grito
de amor.
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