LA MINORÍA ES EL PRIVILEGIO
Una muy buena amiga me recordó algo esencial: no estoy solo. Porque somos muchas, muches y muchos quienes resistimos. A veces, el cansancio o el dolor hacen que miremos solo lo nuestro —mi diagnóstico, mis miedos, mis batallas—. Pero cuando abrimos la mirada, comprendemos lo evidente: no somos minoría. Solo nos fragmentan para que no nos demos cuenta.
Soy una persona neurodivergente con vivencias en salud mental, y desde ahí
levantó la voz, sin vergüenza, sin permiso. Resisto al estigma, persisto en mi
camino, insisto en mi derecho a ser, y nunca voy a desistir. Porque vivir
también es luchar.
Somos las personas trans, no binarias, intersex, cis aliadas —como Marsha P.
Johnson, Silvia Rivera, Kim Pérez o Lukas Avendaño—; somos las mujeres de todas
las realidades —como Audre Lorde, Malala Yousafzai, Celia Amorós, Simone de
Beauvoir, Rigoberta Menchú o Rosa Parks—; somos las personas racializadas
—negras, afrodescendientes, árabes, asiáticas, latinas, indígenas, gitanas—
como Angela Davis, Frantz Fanon, Assata Shakur, Arundhati Roy, James Baldwin,
Lamine Sarr o Desirée Bela-Lobedde; somos quienes viven con discapacidades
visibles o invisibles, físicas, sensoriales, intelectuales, mentales o
múltiples —como Judith Heumann, Antonio Centeno, Helen Keller o Coral Herrera—;
somos personas neurodivergentes —como Temple Grandin, Donna Williams, Greta Thunberg
o Amparo Fabra—; con enfermedades crónicas o ignoradas —como Jen Brea, pionera
en visibilizar el síndrome de fatiga crónica—. Somos personas mayores que
desafían el edadismo, juventudes precarizadas, personas gordas que enfrentan
violencia estética —como la activista y escritora Magda Piñeyro o la artista
Jes Baker.
Somos personas migrantes, refugiadas, desplazadas, apátridas —como Ayaan
Hirsi Ali, Ilhan Omar o Helena Maleno—; sin hogar o sin papeles; quienes viven
la pobreza estructural —como el movimiento de las Kellys o la PAH—. Somos
trabajadoras sexuales —como Grisélidis Réal, Montse Neira o el colectivo Putas
Indignadas—; personas con VIH —como Pedro Zerolo o Didier Lestrade—; personas
LGTBIQA+ en todas sus expresiones —como Harvey Milk, Carla Antonelli, Pedro
Lemebel o Elliot Page—; personas que fueron privadas de libertad, incluidas
presos políticos, cantantes de rap criminalizados por su arte, defensoras del
territorio y del pensamiento crítico —como Valtonyc, Pablo Hasél, Assange,
Chelsea Manning o Santi Alba Rico—. Somos también quienes abrazan ideas disidentes:
anarquistas, anticapitalistas, libertarias, soñadoras de otros mundos posibles
—como Emma Goldman, Federica Montseny, Buenaventura Durruti o Kropotkin.
No somos una suma de excepciones. Somos la mayoría que incomoda al
privilegio. Las voces que la historia intentó tachar. Los cuerpos que no caben
en sus urnas ni en sus estadísticas. Las mentes que cuestionan, los ideales que
arden.
No buscamos integración en un sistema roto. Queremos transformación. No
queremos palmaditas, queremos derechos. Porque resistimos, persistimos,
insistimos y jamás vamos a desistir. Nuestra existencia colectiva es el acto
más bello de insumisión.
Y lo gritamos claro: la minoría es el privilegio. Nosotres somos la
realidad. La que no se calla. La que camina. La que viene.
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