SEGUNDA PARTE ¿Qué tienen en común INTRESS, Manantial, Leroy Merlín y Hacienda?
No recuerdo exactamente qué me gritó por teléfono. Han pasado demasiados años y algunas palabras se borran. Lo que no se borra es la sensación. Recuerdo que escuchaba sin comprender, como cuando alguien te habla en un idioma que conoces y, sin embargo, no entiendes una sola frase. En algún momento reuní las pocas fuerzas que me quedaban para defenderme. Antes me defendía. En aquella época todavía lo intentaba. Con la voz baja, apagada, casi pidiendo permiso para existir, dije: —Por favor, no me grites. No sirvió de mucho. Colgué y llamé a uno de los pocos faros que me han sostenido en algunos de los temporales más duros de mi vida: Eva. Me escuchó, como siempre. Me dijo que al día siguiente comprara unos pasteles y los llevara al CRL. Un gesto amable. Una forma de tender un puente. O quizá de recordarme que seguía siendo humano. Los compré y los llevé al CRL. Centro de Rehabilitación Laboral. Tiene gracia el nombre. O quizá no. A veces pienso que la ironía tiene un sentido de...