Coliflor azul
Vague
aturdido por las cascajuelas de la vecindad. Con una coliflor azul en la mano, me
acompañaba el rey de las sombras tardías de tardes infinitas, como
infinitas son las sombras que me acompañan en las andaduras de la
tardanza.
De
forma instintiva salí al aire libre; a los parques, jardines y
bosques, de aquel reino no reinado por nadie, ni si quiera por las
gentes que allí habitaban. Me saludaban con gestos, señales y
espejismos, en un mar de arena del desierto, donde me desperté al
tercer día sin pecado alguno; sin alimentos, sin agua, sin ningún anhelo, me fui
paseando y respirando ando desde entonces…
La
coliflor azul la sigo llevando de la mano, la sujeta un latido de mi
válvula ventral, un suspiro acompaña el ritmo, el tono no se
desbarata y abaratada se encuentra mi mirada.
Se me
quita un peso del alma, la cual se encuentra en un país desconocido,
sin pasaporte, sin techo, sin nada que me engorde, para despejar el
pecho que se hincha desde lo lejos.
Vengo
de los astros y voy hacia ellos...
La
vida es solo un viaje conmovedor y maravillosamente aturdidor...
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