JODER
palabras, él está ingresado en un hospital y yo, esperando noticias. No sé cómo explicar mis emociones; sé que son contradictorias. Me pregunto: ¿voy? La última vez me ignoró, actuó como si no estuviera. ¿Me espero? Y si no llego a cerrar con él. Es complejo; es mi maltratador y todavía tengo miedo de defraudarlo. Siento todo el tiempo que cualquier decisión es un fraude, para él y, por consiguiente, también para mí.
Es difícil de explicar. No quiero sentirme culpable en ninguna dirección, en ningún sentido. ¿Qué puedo hacer? Escribir es lo único que se me ocurre. No me siento muy mal... ahora sí me siento mal... ahora no... es una montaña rusa, inestabilidad emocional.
Cuando he visto la llamada de la residencia, la ansiedad ha vuelto enseguida. Esa ansiedad constante que viaja conmigo se acentúa cuando algo hace referencia a Evaristo. La mayoría de las veces no sé ni cómo dirigirme a él. Creo que me siento cómodo llamándole por su nombre, aunque no le gusta nada. Él prefiere que le llamen por su apellido. A mí también me llamaban por el apellido que compartimos. Hoy, no puedo ni oír ese primer apellido. Mi nombre es Javier. Ese es mi nombre.
He pensado y pensado hasta reventar mi mente, que me juega malas
pasadas. Pienso en cambiar de apellido y nombre; ni siquiera sé si puedo
hacerlo, pero me encantaría que mi apellido fuera otro... cualquier otro.
Amplifico las emociones. Ahora mismo lloro y no sé muy bien el motivo. Parece
obvio, pero nada en mi vida ha sido obvio. Siempre tengo que cerciorarme de lo
obvio y preguntar lo que a los demás les parece ¡TAN OBVIO! Respeten mi falta
de ingenio, no soy tan elocuente, joder. No quiero dejarlo aquí con un
"Joder". Espera, me suena bien: joder, joder, joder, joder.
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