El Legado Eterno del Cabrero

Entre encinas viejas, pastorean las cabras, bellotas caen como notas en la sinfonía de la

tierra. El tomillo perfuma el aire, mientras el cabrero, figura estoica, guía su rebaño con amor y cuidado.

Los campos de Mancera de Arriba se adornan con las huellas de su paso, entre tierras quebradas y charcas de agua que reflejan el cielo de un azul añil.

Palomares abandonados susurran historias de un tiempo pasado, de manos trabajadoras. El cementerio, en silencio guarda, memorias de vidas que hicieron estos lares.

En cada rincón, la vida del cabrero teje la trama de estos paisajes rurales, donde la simplicidad revela su esplendor eterno. No puede desaparecer, el cabrero y sus cabras, Chanel, Zara, Negro, Candela y Vicente, pastoreando libres por montes quebrados.

Campos y cabrero en un solo latido, fusionados en un amor profundo y sentido. El monte habla, el aire lleva el susurro, y en cada brisa, la eternidad se murmura.

Un silencio atronador, lleno de bellotas, en barrigas vacías y mentes revoltosas. Los cambios de un mundo olvidado, al lado camina un hermano, mano a mano, en la conexión con el campo, el alma del cabrero, reside la esencia de un legado sincero y eterno.

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