La poetisa griega que llevo dentro

 En el vasto templo del ser,


donde el alma danza sin cesar,
el espíritu susurra al viento,
y la consciencia empieza a brillar.

Como el río que fluye eterno,
el alma busca su verdad,
navegando entre sueños y sombras,
en un mar de serenidad.

El espíritu, llama divina,
guía con luz celestial,
es la chispa que enciende la vida,
y nos eleva más allá del umbral.

La consciencia, espejo del alma,
refleja el cosmos en su mirar,
es el faro en la noche oscura,
que nos invita a despertar.

En la danza eterna del ser,
alma, espíritu y consciencia,
se entrelazan en un abrazo,
tejiendo el manto de la existencia.

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