La rebelión del Sinsajo

La rebelión del Sinsajo

El arte de proximidad es como ese sinsajo obstinado que se empeña en cantar en mitad del campo: vulnerable, indomable, decidido a

recordarnos que la belleza brota incluso donde la escasez muerde. Mientras tanto, allá arriba, en las azoteas blindadas de quienes jamás han tenido que escoger entre encender la calefacción o llenar la nevera, la creación artística se convierte en otra cosa: un pasatiempo blindado, un lujo que se exhibe sin pudor, como si la penuria fuese un eco lejano que se pierde entre cortinas de terciopelo.

La distancia entre ambos mundos es brutal: aquí abajo, el creador dibuja para resistir; en las alturas, el acaudalado acumula obras para entretener su tedio. Nosotros mezclamos pigmentos con manos que han arado la tierra, que han cargado cajas, que han vivido. Ellos adquieren lienzos que jamás contemplan, solo los almacenan, como quien guarda trofeos de una aventura que nunca vivió. Y mientras el pueblo se deshace en preocupaciones, ellos brindan en inauguraciones donde cada copa cuesta más que un mes entero de trabajo honrado. Proclaman que el arte es “para todos”, pero solo lo proclaman quienes pueden pagarlo.

La paradoja es feroz: el arte que nace del polvo, de la calle, del agotamiento, es el único que sostiene algo parecido a la verdad. El otro, el del Capitolio, es un espejismo de lujo: deslumbra, reluce, pero jamás roza el suelo. No sabe lo que es tocarlo. No desea saberlo.

Y aun así, aquí continuamos, creando desde la cicatriz, desde la urgencia, desde la furia contenida. Porque la obra que importa no es la que se subasta, sino la que se comparte. La que sacude. La que despierta. La que, sin pedir permiso, señala la fractura que todos ven y pocos nombran.

“Cuando el sinsajo canta, alguien debería empezar a escuchar.”

Gracias por estar aquí. Soy Javi, y esto es @mihorqueta1830.

“Cuando el silencio se vuelve costumbre, la rebelión empieza en la primera palabra.”

 


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