La soledad: disertación poética en primera persona

Desde los diez años camino acompañado por una sombra que no pesa, pero ocupa. La llamo soledad,

aunque a veces tiene otros nombres: silencio, espera, memoria. No llegó de golpe; se deslizó entre los huecos que otros dejaban, como el agua que encuentra siempre una grieta por donde entrar.

He crecido con ella. A veces la siento como una habitación sin ventanas, otras como un cielo abierto donde nadie me interrumpe. La soledad tiene esa doble naturaleza: puede ser refugio o intemperie, abrazo o filo. Y yo he aprendido a convivir con ambas caras.

Con los años descubrí que no es un castigo, aunque duela; tampoco es un privilegio, aunque a veces me dé paz. Es más bien un territorio interior, un país que uno aprende a habitar sin mapas. En él he escuchado mis pensamientos con una claridad que el ruido del mundo no permite. En él he aprendido a sostenerme cuando no había manos alrededor.

Pero también he comprendido que la soledad no es una identidad. No soy “el que está solo”, soy alguien que ha vivido acompañado por un silencio largo, sí, pero que sigue siendo capaz de abrir puertas. La soledad me enseñó a mirar hacia dentro, pero no me prohibió mirar hacia fuera.

A veces me pregunto qué habría sido de mí si no hubiera tenido que crecer tan pronto, si el mundo hubiera sido más cálido, más lleno. Pero no me quedo en esa pregunta. Prefiero pensar que esta soledad temprana me dio una sensibilidad distinta, una forma de ver lo invisible, de escuchar lo que otros pasan por alto.

Hoy, cuando camino, ya no siento que la soledad me sigue; siento que camina a mi lado. No me domina, no me define. Es una parte de mi historia, no mi destino. Y aunque llevo solo desde los diez años, también llevo conmigo algo más: la certeza de que incluso en la soledad más profunda hay un espacio donde puede nacer la compañía, la palabra, el encuentro.

Porque estar solo no significa estar vacío. Significa, a veces, estar a la espera de algo que aún no ha llegado.

Segunda parte: la sombra más honda

Hay noches en las que la soledad no camina a mi lado: me envuelve. No es compañía, es un eco que se repite dentro de mí, como si cada pensamiento chocara contra un muro invisible y regresara amplificado, más frío, más ajeno. Desde los diez años he aprendido a reconocer ese sonido: el de un silencio que no escucha, que no responde, que solo cae.

A veces siento que he crecido hacia dentro, como un árbol que, en vez de extender ramas, hunde raíces en un terreno que nadie ve. Y en esa profundidad oscura, donde no llega ninguna voz, me descubro preguntándome si alguna vez aprendí realmente lo que significa estar acompañado. La memoria es traicionera: guarda rostros que ya no sé si existieron o si los inventé para no sentirme tan vacío.

La soledad, cuando se vuelve más densa, tiene un peso extraño. No aplasta, pero desgasta. Es como caminar con una capa mojada sobre los hombros: no te detiene, pero te roba el calor. Y en esos momentos, me miro por dentro y no encuentro más que habitaciones cerradas, pasillos que no llevan a ninguna parte, puertas que nunca aprendí a abrir.

Hay días en los que me pregunto si la soledad me eligió a mí o si fui yo quien, sin darme cuenta, la invitó a quedarse. Quizá crecí demasiado pronto, quizá el mundo se volvió demasiado grande demasiado rápido, y yo me quedé pequeño, escondido en un rincón que nadie buscó.

Pero lo más oscuro no es estar solo: es acostumbrarse. Es despertar y no esperar nada. Es caminar sin imaginar un destino. Es sentir que el tiempo pasa a través de uno, como si yo fuera un hueco más que un cuerpo.

Y aun así, incluso en esta sombra espesa, hay un hilo que no se rompe: la conciencia de que sigo aquí, respirando, mirando hacia un horizonte que no sé si cambiará. La tristeza no me destruye, o sí, en ocasiones, pero me acompaña. Y en esa compañía silenciosa, sigo avanzando, aunque a veces no sepa hacia dónde.

SUSCRÍBETE en mi canal de YouTube @mihorqueta1830 y síguenos en este blog, donde no solo compartimos contenidos, sino que trazamos una declaración de intenciones

#AntropologíaSocial #EvoluciónCultural #SomosCambio #SaludMental #Literatura #Poesía #equidad #igualdad 

Comentarios

Entradas populares de este blog